La Quintana ascolana es una manifestación
con personajes vestidos con trajes del Cuatrocientos (conformemente
al hecho de que se recuerda la Quintana en los Statuti (Estatutos)
de 1377, más tarde dados a la prensa en lengua romance
en 1496). Los trajes representan también por el cuidado
con que se realizan, uno de los elementos de mayor importancia
de la manifestación ascolana.
Desde luego, durante los siglos los trajes han tenido siempre
una función pública y simbólica, como expresión
de calidades físicas, rango, función institucional
y que constituyen testimomonios de nacimiento, condición,
actividad (en la fiesta o tiempo ordinario) y estado social:
informaban entonces del contexto de pertenencia, el papel y
el individuo que los llevaba; al mismo tiempo, representaban
la sociedad como se veía a sí misma (Braunstein;
v. B. Nardi, “Costume personalità e ruolo sociale”,
en I costumi nella società italiana in festa del Quattrocento,
Quaderno n. 4 dell’Ente Quintana, 1991).
Especialmente, desde finales del Trescientos hasta bien entrado
el Cuatrocientos la voluminosa campana de los trajes celó (pero
no siempre, come demuestran los reclamos y las prohibiciones
de las leyes suntuarias) la figura anatómica.
Los tejidos usados más frecuentemente eran el paño,
la lana “gentile” o “carfagna” (preciosa
o común), el lino, la tela, el raso, el terciopelo y
el tafetán.

Los colores de boga eran el rojo (pavonazzo, rubro, scarlacto = pavonado, carmesí y
otras tonalidades), el celeste (cileste, turchino, azzurro = celeste, turquí,
azul), el rosa (incarnato), el marrón (tané o castagna = castaño),
el bronceado (bruschino = tonalidad del bronceado), los que tiran al blanco (albo,
albessino = albo y otras tonalidades), el gris (palumbino, bisio = ceniciento
y otras tonalidades). El negro y a veces el verde se llevaban cuando se estaba
de luto pero se empleaban también, el primero, para trajes de ceremonias
y, el segundo, en trajes festivos para celebrar la nueva estación y la
fecundidad.
Entre los trajes, típica era la “cotta” un vestido corto y
estrecho que estaba en contacto directo con la camisa y podía ser también
de precioso tejido de seda (damasco, terciopelo, brocato) y enriquecida con figuras
bordadas, divisas, bisuterías metálicas y cintas para las mujeres
recién casadas (v. Maddalena del Crivelli, Polittico de Montefiore).
La “camorra” era en vez un vestido amplio con una escotadura anterior
y sin mangas, para las mujeres a veces dividida en falda y corpiño o sobrevesta
entera, cerrada en el cuello o escotada.
Sobre ésta se podía llevar el traje (sobrevesta a su vez muy ornada,
con mangas y cuello), la capa y la “cotta” (larga túnica).
Las mujeres casadas solían llevar la cabeza cubierta, por ejemplo con
vendas o cintas de tela ornadas con cadenas en la frente o las sienes y un brinco
entrelazados de cintas coloradas, levantado encima de la cabeza hacia atrás,
para no alterar la línea del perfil.

Las meretrices tenían que llevar un gorro con insignia o pluma (v. leyes
suntuarias).
Desde el Cuatrocientos encima de los trajes empezaron a aparecer las empresas
y las armas propias de la familia (para expresar el papel, el rango social y
la función pública de los que las llevaban) o de una asociación
(sea religiosa sea de brigadas de iuvenes ludentes) (v.). |